El Deseo (Psicoanálisis)

El mundo en que vivimos, esta completamente construido y encaminado por el deseo y hacia el deseo. Todos tenemos algo que anhelamos constantemente, en realidad, hay muchos objetos de deseo; dinero, éxito, poder, amor, una familia, salud, una carrera universitaria, monetizar este canal, y muchas cosas más, desde una hamburguesa hasta volver a abrazar a un ser querido ausente. El deseo, podría describirse como un flujo psíquico, pulsión, sometido a impulsos; a prohibiciónes. Durante la búsqueda de satisfacción del mismo, el deseo esta encaminado por la realidad, pero invocado por la fantasía.

Osea, el deseo es “eso” que platónicamente se fermenta y procede de nuestro corazón y nos genera esta hambre, de cosas nuevas, cosas materiales, logros, éxitos, romance, una vida plena, digna y feliz… mientras tanto, la realidad es por ejemplo, Latinoamérica diciéndonos, que nos conformemos con sobrevivir. El deseo… Es esta fantasía quien le da vida y le nutre, a la vez que dicha realidad le censura constantemente. Sin embargo, por más castrante que esto sea, el deseo tiene su razón de ser, en esa búsqueda de satisfacción. Una muestra de ello, podría ser la razón por la cual se dice, que deseamos más aquello que no podemos tener.

Ya te dijeron que no, ya estas en la friend zone, pero sigues aferrado a una relación que no puedes tener, y lo cual puede ser lo mejor, porque si lo consigues… muchas veces no era lo que esperabas, cosa que veremos más adelante.

Freud, postulaba al deseo como la constante búsqueda de un objeto perdido, sin embargo dicho objeto se encuentra “perdido”, porque nunca existió. Es por ello, que para Freud, el deseo tiende a la regresión; esperando siempre que la nostalgia de tregua al dolor de ese vacío. El deseo de los seres humanos es siempre insatisfecho, es un hambre que no podrá calmarse nunca pues aún consiguiendo aquello que creemos necesitar, aquello que pensamos que llenará dicho hueco en nuestro estómago, siempre queda un resto de insatisfacción. Para Lacan, el deseo es, “el deseo del Otro”, aquí, la razón de la existencia el motor de este flujo energético, esta en desear, el deseo del otro. “El deseo del gran otro”, recordemos que este gran otro, en la teoría de Lacan es la madre. Ese gran Otro que llevo dentro.

“Desear el deseo otro”, esto podemos verlo por ejemplo, en la idea que muchas personas tienen de encontrar su media naranja, una persona que venga a completar esta media fruta que realmente nunca podrá completarse del todo; deseamos el deseo de ese otro, deseamos, que ese otro, esa media naranja nos desee a nosotros, puesto que al hacerlo, este otro, me muestra su falta, el hueco que al igual que yo necesita llenar; pues si ese otro estuviera completo no me desearia, pero me desea debido a que algo le falta, encima, ese “algo” que le falta… soy yo. Dentro del enfoque Lacaniano este deseo esta basado en dos variables; una de ellas va sobre acelerar el ciclo del deseo, y el ansia de novedad. El primero, va sobre reforzar la constante búsqueda del objeto amoroso. Esto debido, a que cuando alcanzamos ese objeto que creemos llenará nuestra falta, resulta frustrantemente insuficiente, y dejamos de desearlo. Es aquí, cuando rápidamente lo sustituimos por un nuevo objeto de deseo. Para superar el duelo del deseo anterior.

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Un ejemplo de ello puede ser, el hecho de que hace algunos meses finalmente pude comprarme mi freidora de aire, algo que vi alguna vez en redes sociales y llamo enormemente mi atención, sin embargo luego de usarla un par de veces, esta perdido todo el interés por mi; por eso ahora me senté a escribir un vlog, mientras espero que llegue DHL con mi nuevo paquete… los compradores compulsivos somos un buen ejemplo de la primera variable del deseo.

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Otro ejemplo puede ser, ese amigo fuckboy que se la pasa cambiando constantemente de cama, sin llegar realmente a querer, ningún de esos objetos de deseo. La segunda variable va, a resumidas cuentas, sobre obtener objetos de deseo, que sean siempre nuevos para nosotros. Podemos decir entonces, que el deseo es la búsqueda constante de ese objeto amoroso, con el cual pretendemos completar ese “algo”, que realmente no existe; y una vez creemos alcanzarlo, nos damos cuenta de que no es precisamente lo que nos faltaba. El deseo emerge de la insatisfacción, de la falta, y necesita hueco para existir, por ello si hayamos la satisfacción, y no viene otro deseo, este deseo muere. Sin embargo, esto no implica una vida miserable, insatisfecha, claro que hay momentos en los que nos podemos sentir completos, plenos, en donde puedes irte a dormir con tu mente en paz por las noches. “La felicidad no esta en la ciencia, sino en la adquisición de la ciencia” - Edgar Allan Poe

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En un video subido, hace ya un largo rato en nuestro canal, iniciábamos practicando la relajación muscular progresiva de jacobson; antes de iniciar, preguntábamos, a ustedes que nos ven, “¿cómo se sienten hoy?”. Cuando una persona nos pregunta eso, solemos contestar “bien”… a veces, nuestra mueca al pronunciar la palabra intenta amordazar entre los dientes un grito de dolor, desesperanza, miedo… en realidad, llevo meses con insomnio, un ser muy querido murió, tengo problemas en el trabajo, tengo depresión, tengo ansiedad, ya nada me satisface, no encuentro un sentido a mi vida, en cuanto te salude y te vayas probablemente me tire de aquel puente… todo eso únicamente grabado en nuestros gestos al responder, estoy bien. Habrá quien pueda darse cuenta, con nuestro lenguaje corporal o conducta de que no, las cosas no van tan bien; habrá aquellos que se tragan todo esto, no con la intención de ocultarlo, si no por desconocimiento propio de su estado anímico. Después de realizar la pregunta, continuábamos con el ejercicio de relajación; al finalizar,  la devolvíamos una vez más “¿cómo se sienten?”. La mayoría, respondía, “me siento más relajado”, “me siento más tranquilo”, quizás sus problemas no desaparecieron, pero al menos en ese momento, no los tenia sujetos del cuello.

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